La reciente rotura de ligamentos sufrida por el arquero Marchesín reabrió el debate sobre las exigencias físicas en el fútbol profesional y el fantasma que persigue a todos los jugadores. Para entender la mecánica de esta temida lesión, sus tiempos de recuperación y las posibilidades reales de prevención, el kinesiólogo Macota Espada analizó el tema en los micrófonos de Infopico Radio 99.9.
El mecanismo de la ruptura y el dolor inmediato
Cuando un jugador cae al césped tomándose la rodilla, el diagnóstico suele ser evidente para los especialistas. Espada detalló que en el momento exacto de la ruptura, la rodilla, al ser una articulación grande y compleja, reacciona de forma drástica. «Genera un aumento de líquido desproporcionado dentro de la cápsula. Empieza a inflarse para inmovilizarse y protegerse», explicó el profesional.
Todo ese edema provoca un dolor agudo y una impotencia funcional inmediata. El deportista busca dejar la pierna en una sola posición porque cualquier intento de movimiento resulta insoportable. En el caso de los arqueros o defensores, la mecánica suele repetirse: «Sus tapones quedan clavados en el piso, el jugador gira sobre su eje tibial y se rompe». Ante una fuerza externa de tal magnitud, la lesión se vuelve un desenlace inevitable.
El costo del alto rendimiento
¿Se pueden prevenir estas lesiones en jugadores que cuentan con la mejor preparación física del mundo? El kinesiólogo piquense fue contundente al derribar un mito muy común sobre el deporte profesional.
«Partamos de la base que ser deportista de élite no es ser saludable. El deporte de alto rendimiento siempre tiene una contraprestación que el individuo la paga con déficits en su salud, ya sea en las articulaciones o por degradación cardíaca», sentenció Espada.
La sobrecarga de partidos, el exceso de exigencias y la presión emocional dejan a los jugadores en un estado de vulnerabilidad constante. Aunque no exista una predisposición física directa, el nivel de competencia los expone a que el ligamento termine cediendo.
Nuevos tiempos de recuperación y casos excepcionales
En cuanto a los tiempos de regreso a las canchas, la medicina deportiva debió dar marcha atrás con sus propios experimentos. Espada reveló que, si bien en un momento la ciencia intentó acortar la rehabilitación a seis meses, los injertos fracasaron. Hoy los protocolos médicos volvieron a los plazos históricos:
- Cirugía de reconstrucción programada.
- Entre nueve meses y un año de rehabilitación estricta.
- Trabajo focalizado para asegurar que la rodilla recupere su estabilidad anteroposterior.
Aunque pasar por el quirófano es el camino lógico y obligatorio para casi cualquier persona (incluso para alguien que se rompe los ligamentos jugando en el patio de su casa), existen rarezas en la historia del fútbol. Durante la charla surgió el emblemático caso del «Negro» Hugo Ibarra, histórico lateral de Boca Juniors, quien jugó gran parte de su carrera con los ligamentos cortados gracias a un desarrollo extraordinario en sus cuádriceps.
«Son casos excepcionales», aclaró rápidamente el especialista. Sin el ligamento cruzado que contenga la articulación, una rodilla queda propensa a desarmonizarse o sufrir daños mucho más graves ante cualquier movimiento brusco.




