El "Pincha" se impuso por 2 a 1 y volvió a levantar la copa después de 38 años. Gastón Fernández y Mauro Boselli, a los 12 y 28 minutos de la segunda parte, marcaron los tantos del equipo platense

Una final que no da respiro. A los seis minutos del segundo tiempo, Henrique remató de media distancia y el balón ingresó contra el palo derecho de Andujar para poner el 1 a 0. Cuando se le venían la noche a Estudiantes, apareció Gastón Fernández e igualó el partido cinco minutos más tarde.

Estudiantes salió a jugar el partido con una idea clara, la de pelear cada pelota como si fuera la última en todos los sectores del enorme campo del estadio Mineirao y mostrándose sin titubear.

Por eso, al minuto de juego Christian Cellay salió a matar o morir trabando una pelota con Wagner, a quien le dejó una marca de por vida en el tobillo, y ahí quedó claro cuál sería la postura del equipo argentino.

Con la firmeza de Cellay, la fuerza de arriba que muestra siempre Rolando Schiavi, la categoría de Juan Sebastián Verón y la movilidad de los dos delanteros, Estudiantes complicó el trabajo de Cruzeiro, que en el primer cuarto de hora se mostró muy incómodo en el partido.

A esa valentía de Estudiantes para luchar y pelear le faltó audacia y decisión para atacar, porque las pocas veces que la tuvo la posibilidad de parase en campo lastimó a Cruzeiro, pero fueron las pocas veces que se atrevió.

Las dimensiones de la cancha con el correr de los minutos comenzaron a conspirar contra Estudiantes, porque en esa “estancia”, como llamó al campo de juego del estadio Mineirao alguna vez Alfio Basile, es casi imposible cubrir todos los espacios, por más que todos defiendan.

Entonces, cuando las piernas de los argentinos comenzaron a no ser las mismas que las del arranque del partido la historia comenzó a complicarse porque Ramires y Wagner con espacios comenzaron a generar juego para Kléber y Wellington Paulista y así Estudiantes tuvo que sufrir.

Si Verón corre más de lo que juega, si Leandro Benítez no se compromete con el juego y los demás piensan más en defender que en atacar es más fácil perder que ganar.

Pese a la poca ambición ofensiva de Estudiantes, cuando los brasileños eran una invitación para ser atacados, los argentinos en la primera etapa tuvieron tres chances claras de gol, pero Boselli desaprovechó dos y en la restante no llegó Enzo Pérez.

En los minutos finales del primer tiempo los dirigidos por Sabella se dieron cuenta que atacar era un buen negocio, que Cruzeiro se mostraba nervioso y se plantó en campo contrario, algo que provocó que no sufriera más en su arco y generar peligro en el contrario, para irse al descanso mejor parado en esta final de Copa Libertadores.(Infobae)